COMIENZAN LAS GRANDES OBRAS.
El 13 de enero de 1969, el presidente saliente Pierino Valdano, entregó la conducción del Sportivo a una nueva Comisión Directiva presidida por Herbert Castellano, que dejaría profundas huellas en la historia del Club. Este grupo se distinguió especialmente por haber decidido que no solamente se atendería lo futbolístico, sino que se pondría especial énfasis en hacer crecer al Club en el aspecto edilicio. Para Francisco D´Angelo “Titi”, gran parte del éxito de esta Comisión estuvo en el equilibrio que se consiguió establecer entre quienes sentían profundamente las vivencias futbolísticas y aquellos que pensaban en Sportivo con un criterio casi empresario.
Guillermo Dubini había sido el encargado de convocarlos y la respuesta fue inmediata. Analizada la situación, se resolvió que era necesario comenzar la construcción de un salón o gimnasio que cubriera muchas de las necesidades de los asociados. Si debían realizar bailes, fiestas o espectáculos en verano estaba la Pista escalonada, pero en caso de mal tiempo o en invierno, había que alquilar el salón de “Dinantec”, ocupado con anterioridad por una fábrica o recurrir a los galpones del Ferrocarril. Estaba además el Salón de la Sociedad Italiana pero tenía butacas adheridas al piso, cosa que limitaba su uso. De modo, que había poco que pensar. El problema era la obtención de fondos, circunstancia que no amilanó a los miembros de la Comisión Directiva. Por otra parte, recordemos que Las Parejas comenzaba a transitar un camino de bonanza económica, pues en ese tiempo se produjo el boom industrial, y eso favoreció, de alguna manera, la concreción del proyecto.
Delio Ubino “Chiche” se puso en contacto con un arquitecto de San Lorenzo, para que presentara un anteproyecto de la obra.
Originalmente iba a ser sólo gimnasio con un palco, que hoy es el Salón de Fiestas de arriba, y lo que actualmente ocupa la Sede era el Hall de ingreso con las boleterías y los sanitarios.
Luego, por distintas circunstancias, el proyecto original fue modificado. Sobre la marcha, se discutió la posibilidad de que en el Salón se practicara Básquet, para lo cual el Arquitecto tuvo que corregir las medidas originales. Porque en el plano inicial no entraba una cancha reglamentaria con sus espacios libres.
Era una obra enorme sobre todo con proyección hacia el futuro, por lo que el esfuerzo fue también así: enorme.
Como primer paso hubo que pensar en una forma rápida de conseguir fondos.
Haroldo Scarpeccio, por su relación con gente de Carcarañá, conocía que allí se hacían unos corsos muy exitosos para festejar el Carnaval.
Propuso organizar lo mismo en Las Parejas, y la idea se aceptó de inmediato.
Durante cuatro años fueron famosos los corsos de esta ciudad; se hacían en la Avda. 17, desde la calle 20 hasta la calle 24; al finalizar en la esquina de 17 y 24 comenzaban los tradicionales bailes de Carnaval que reunirían a multitudes.
Muchas de las industrias establecidas en Las Parejas presentaban sus carrozas, y además, los mismos organizadores recorrían ciudades vecinas como Sastre, Carcarañá, Acebal para alquilar otras, que a veces había que reacondicionar. El trabajo para preparar los corsos era realmente agotador. Desde la tarde se juntaba una gran cantidad de colaboradores, que debían instalar las luces, acomodar sillas, mesas, barrer, armar el bufet, acordarse del hielo. En fin, no olvidarse de ningún detalle para asegurar el éxito de la fiesta. A la madrugada se volvía a repetir la rutina de desarmar todo y dejar el lugar despejado y limpio. En esta tarea fue importantísima la participación de las mujeres como: Mimí de Scarpeccio, Nides de Castellano, Juanita de Garelli, Lucía de Dubini.
Un trabajador indispensable fue Silvio Bellone, siempre presto a hacer lo que ordenaran.
FOTONº1
Carrozas que desfilaron en los corsos de los años 70.
FOTO Nº2
El despliegue, la animación, el éxito de estos carnavales no se pueden resumir en unos pocos párrafos, pero permanecen muy grabados en todos lo que tuvieron la oportunidad de vivirlos.
Fue muy festejada una carroza que llevaba un gran Mickey vestido de mago. De la galera salían alternadamente globos y palomas que la Sra Lombard trataba de recuperar, para que pudieran usarse a la noche siguiente.
Otra carroza impactante era el Gusano, preparado en la carpintería de Ciani; además, sobre un acoplado desfilaba un auto antiguo; todos estos datos los proporcionó Isabel Sthali, que siendo chica participó en los mencionados Carnavales.
FOTO Nº3
El festejado mago Mickey.
Con el fin de allegar fondos para la construcción del gimnasio, también se organizaron carreras de autos.
El Presidente, Herbert, y el Tesorero, Juan Garelli, viajaron a San José de la Esquina, con el fin de concretar una fecha para la realización de una carrera de autos Mecánica Nacional hasta 1927, bajo la fiscalización del San José Motor Club.
La pista se preparó en un campo de Nelso Rosso y por ser un bajo hubo que trabajar mucho para ponerla en condiciones.
Se corrió el 30 de agosto de 1970, y colaboraron en la organización los corredores Pierobón, de esa localidad.
En esta etapa, no podían faltar los bonos contribución y las rifas de autos, de las cuales precisamente Sportivo fue el precursor en Las Parejas. De eso se ocupó Delio Ubino “Chiche”, quien las organizaba, vendía la mayoría de los números y hasta las cobraba.
La idea de rifar hasta 2 autos cero Km. la había traído de Corrientes, donde vio unos carteles anunciándolo, y como ya era costumbre que se aceptaran todas las sugerencias, enseguida se convirtió en el encargado de las rifas de Sportivo.
Otra forma original de recaudar dinero, siempre destinado a las obras, fue la que propuso Haroldo Scarpeccio. En uno de sus habituales viajes de negocios al Chaco, vio en un cartel de Resistencia el anuncio de una corrida de toros. De inmediato se le ocurrió hacer el espectáculo en Las Parejas y con el consentimiento de sus compañeros, se firmó un contrato con el que haría de torero, Franco Quirino, lo cual figura en el Acta Nº 1681 del 11-09-79.
El 12 de octubre, en un ruedo improvisado dentro del salón, cuyas paredes tendrían unos 2 m. de alto, el pueblo, tuvo la oportunidad de asistir a un espectáculo taurino, con unos toros que pertenecían a una estancia de Las Rosas y que habían transportado con un camión de Don Santos Di Bernardo y Nelso Monti.
Como vemos, cuando se trató de conseguir fondos, la inventiva de los sportivistas no tenía límites.
En realidad, la primera etapa se hizo casi sin dinero.
Por un convenio firmado el 17-11-69, con la empresa Construcciones Priotti Hnos., recién llegada a Las Parejas, no hubo que desembolsar fondos.
La estructura de hormigón armado, se pagó con el edificio de la Sede de calle 19, habiéndose establecido que podían seguir ocupándola durante 2 años más. Cuando se venció el plazo, como el nuevo edificio aún no estaba terminado la Sede se trasladó al local donde funcionaban las canchas de Bowling, en calle 20 al 800, propiedad de la flía. Ciani, y posteriormente, en forma provisoria, se ubicaron en el entrepiso del nuevo salón. Finalmente, la Sede se estableció en forma definitiva en el espacio que se había proyectado como hall de entrada, porque arriba hacía mucho calor o mucho frío.
Retomando la etapa de la construcción del gimnasio, todos recuerdan que el sitio que se le había destinado, estaba ocupado por parte de la famosa montañita y por una hilera de enormes eucaliptus, cuyo tronco apenas podía ser rodeado por tres personas.
Inútil fue que intentaran voltearlos con hachas y palos, y por eso tuvieron que contratar a idóneos en la materia.
Precisamente con relación a la montañita y los trabajos que se hicieron para sacar toda la tierra que la formaba, muchos tienen en la memoria un episodio que pudo resultar trágico, pero que, por suerte, quedó en lo anecdótico.
Cuando se había construido la Pista, durante la presidencia de “Pato” Odisio, hubo queanular la que hasta entonces había sido la entrada a la cancha, sobre Avda. 17, esa tradicional portada que es un poco el símbolo de Sportivo, y que aún sirve para acceder a la Pista.
Por consiguiente, como nueva entrada al campo de juego, se levantó un decorativo arco de mampostería, sobre la calle 24, lugar por donde circulaba el camión volcador con el que se acarreabala tierra proveniente de la montañita.
En uno de los viajes, Herbert Castellano, acompañado por su hijo Fernando y Adrián Scarpeccio, conducía el camión cuya cabina tenía el techo de lona. Al volver, libre ya de la carga, olvidó accionar el mecanismo que volvía a su sitio el volcador, que permanecía en alto. Por supuesto, no pasaba debajo del arco, y ello provocó la caída de ladrillos y cemento, que destruyeron el techo de lona. Herbert, con algunas lesiones leves, salvó milagrosamente su vida y los chicos, que habían bajado unos instantes antes, desde el suelo, fueron testigos del accidente que pudo tener funestas consecuencias.
El arco no volvió a reconstruirse y sus restos cayeron bajo la piqueta que marcó el fin de la vieja Cancha.
El problema mayor de esta obra fue el techo de gran dimensión, porque en ese tiempo los premoldeados no existían. Tuvieron que hacerlo de chapa, a pesar de conocer los problemas que ellos acarrearía sobre todo el peligro del goteo de invierno; además, a la chapas habría que plegarlas, desengrasarlas con lijas, soldarlas e incluso pensar en encontrar un tratamiento especial para evitar los inconvenientes que podría provocar. Pero no había otra salida.
Con el dinero recaudado en el primer corso, $ 1.800.000.-, compraron los primeros 30.000 Kg. de chapa. Habían conseguido que el gerente de Acindar se trasladara a Las Parejas y le hiciera un precio especial: $ 0,59.- el Kg., con la promesa de que lo mantuvieran en secreto para no crear problemas con los demás clientes.
Las operaciones eran al contado; los camiones descargaban en Sorzini de Cañada de Gómez, para el plegado. De allí, a la fábrica de Herbert, para completar el trabajo, que se hacía de noche.
Los especialistas como Sthali, soldaban, algunos pintaban, y el que no sabía hacer otra cosa, pasaba la lija para quitar la grasitud.
El paso siguiente fue el traslado de las chapas hasta el salón. Comenta Edgar Chiodi “Titín”, que para eso tuvieron que fabricar un vehículo especial, una moto triciclo, con ruedas con ejes en la parte de atrás. La preparación de las chapas, se hacía durante la semana y los sábados y domingos las llevaban hasta la obra para ponerlas en el techo.
Eran muy grandes; medían 14 m. de largo las que se usaron para el salón de arriba y las demás iban de 21 hasta 24 m. Todo ello acarreó muchas complicaciones. Las levantaban con un trinquete, una especie de columna con dos roldanas, una en la parte superior y otra en la inferior y dos volantes abajo para accionar el cable.
Con referencia a esta herramienta, todos recuerdan que Titín y Haroldo estaban trabajando solos con la chapa Nº 13, de unos 20 m. de largo cuando el cable que la sostenía se salió del carretel y dio un fuerte tirón. El resultado: la chapa en el suelo deteriorada completamente, tanto que tuvieron que hacerla de nuevo, Haroldo tirado boca abajo como a 5 m. de distancia con un fuerte golpe en las manos y Titín con un susto bárbaro, porque el cable le había pasado a milímetros del mentón.
Cuando se hizo el hormigoneado del piso, pidieron prestado el equipo que la Municipalidad tenía en planta, con el volcador.
Como éste no pasaba por las puertas del salón, descargaban el hormigón junto a la entrada, y desde allí, con carretillas, se iba distribuyendo en el suelo. Para abaratar los costos, todo se hacía con mucha voluntad y poca experiencia; el resultado fue que en un paso anterior, cuando ya habían colocado casi la mitad de los mosaicos del piso, llamaron a Duilio Pistelli, conocedor del oficio y muy a pesar de todos, tuvieron que levantarlos porque había grandes desniveles.
En todo este proceso colaboró mucha gente, aún la que no tenía nada que ver con el trabajo de albañil. Las consecuencias fueron grandes ampollas en las manos y una satisfacción enorme por la tarea cumplida.
Después de dos duros años de dedicación y esfuerzo, el Salón pudo ser inaugurado, aunque parcialmente, porque no estaba finalizado.
FOTONº4
Tramos finales de la construcción del Salón Gimnasio en el año 1972.
Se hizo un almuerzo popular, preparado por Pierino Valdano “Gruy”, el 22 de octubre de 1972, justamente el año en que el Club cumplía sus Bodas de Oro.
Estuvo presente el 1º Presidente Don Juan Torassa al que se le entregó una plaqueta recordatoria. Luego del almuerzo, una comitiva se trasladó al Cementerio para rendir homenaje a Don Carlos Lombard, quien dedicara gran parte de su vida al Club Sportivo y que había fallecido el 20 de octubre, apenas dos días antes.
Los miembros de la Comisión Directiva gestora de esta obra, fueron:
AÑOS 1969A1971.
Presidente Herbert CASTELLANO
Vice Presidente Haroldo SCARPECCIO
Secretario Angel MARCONATO
Pro Secretario Guillermo DUBINI
Tesorero Juan GARELLI
Pro Tesorero Elvo CASTELLANO
Vocales Titulares
Silverio BELLONE
Edgar VENESIA
Giraldo PIERETTI
Edgar CHIODI
Revisores de Cuentas
Delio UBINO
Francisco D´ANGELO
Suplentes
Antonio STAFFOLANI
Lelio CIANI (1971)
Sixto ALMADA
Guido BERNASCHINI